“La morena de ojos verdes bajó de su vehículo en busca del hombre que habría de llenar el hambriento depósito del golf negro que poseía. Era una joven bella y despierta que andaba con gracia juvenil. Vestía una falda tres cuartos con un cinturón marrón de bisutería barata, las botas camperas y el jersey Lacost de punto fino que completaban su vestimenta.
-Veinte, por favor -dijo esbozando una sonrisa.
El joven le devolvió la sonrisa, le había gustado la morenita de ojos brillantes y cabello negro largo y lacio. Se dispuso a satisfacer las necesidades de la clienta mientras la veía incorporarse de nuevo a su vehículo. Ella, coqueta, se miró al espejo, estudió el maquillaje y el estado del cabello; luego, sin más, se puso el cinturón y arrancó el vehículo justo antes de que el hombre le empezara a poner la gasolina. Con el depósito abierto, el tapón que protege la gasolina de los agentes externos rodó por los malolientes suelos y terminó al borde de la acera.
El hombre, medio asustado, medio sorprendido, con la manguera en la mano comenzó a gritarle:
-Señorita, señorita… morenita…
Pero la joven ya estaba dispuesta a incorporarse a la circulación y no escuchaba los gritos del trabajador debido a que la música pop -Efecto Mariposa- era la única melodía que percibían sus sentidos.
El joven soltó la manguera y fue en su busca; sin pensarlo dos veces, arriesgó su vida colocándose delante del vehículo para evitar su partida. La joven abrió los ojos como platos, sobresaltada con la reacción, no comprendiendo que era lo que sucedía.
Durante unos segundos, se quedó parada sin saber qué hacer, mientras el joven intentaba explicarle lo que había sucedido. Ella comprendió finalmente su error y dio marcha atrás, colocó el coche en el surtidor, bajó del vehículo y se disculpó con gracia ante el dependiente que sonreía evitando una carcajada por la cómica situación.”
Mar.